martes, 7 de junio de 2016
1910: Segunda carta
Querido:
Mi más cordiales saludos le envío hasta donde esté leyendo estas letras, el clima ha ido de maravilla, llueve y está nublado, ni se diga del frío, bastante adecuado para la época que estoy viviendo, además que no me agrada el sol ni el calor, amenos que se pueda disfrutar a la orilla de la playa.
Sigue yendo todo bien, he tomado un pequeño pasatiempo: dibujar, aunque no soy muy talentosa en el dibujo, es una buena terapia, son trazos torpes pero puede ser revitalizador después de recordar tiempos atrás donde podía compartir una plática con usted.
Le he contado de mi hermana sobre una alucinación, estaba usted a mi lado sentado mientras leía un libro, "Música en la sangre" era el titulo, pero regresando al tema principal, créame que era usted, con ese porte tan elegante y el aroma a caoba rondaba en el aire, me deje llevar ya que se me ha privado de su presencia y pude platicar un poco con esa alucinación, al termino de esa charla, sentí un profundo dolor en el pecho, pude sentir como los ojos se llenaban de lagrimas, así que tome aire, logre controlar el llanto y me dispuse a continuar con mi lectura.
Mi hermana diagnosticó que estoy enferma de usted, y lo que le dije hizo que pusiera cara de preocupación, le dije que no me quería curar de usted, que me rehusaba fervientemente a que llegara el olvido y el alivio. Aguantaré hasta que pueda volver,Tendré la paciencia suficiente.
He tenido un sueño recurrente, usted de pie a lado mío, después abrazándome, el latido de su corazón reconfortando al mío y enseguida una tormenta cae, se aleja de mi y aparecen muchos espejos, yo lo veo en cada uno de ellos, y al final todo desaparece, usted con los espejos y la lluvia sigue. Una puerta aparece y al abrirla usted está dentro de la habitación, para desaparecer enseguida. Tres noches así.
Todo va bien, están pasando cosas buenas en mi vida y quiero empaparme de ellas para que a su regreso pueda contarle que no todo era gris, Debo controlar el dolor que me provoca su ausencia, así no habrá necesidad de que llegue a pensar que el olvido es mejor.
Con paciencia y esperanza,
Suya,
N.
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