viernes, 10 de junio de 2016

1910: Tercera carta


Querido:

Como le dije en la primera carta las enfermedades se aprovechan de esta tristeza ante su partida, hoy por imprudente me he alimentado de cosas irritantes, el resultado: un dolor de estomago horrible. Además cada vez que pienso en usted surge un dolor en el pecho, siguiendo de un sueño mortal, de ese que le cansa en lugar de repararle, no puedo con las ojeras, si antes me gustaban ahora me preocupa, me preocupa  los cambios en mi cuerpo.

He perdido peso le alegrara saber, se puede ver un poco más marcada mi figura. incluso ahora me cuesta un poco seguir escribiendo, tengo un sueño terrible, pero no quiero dormir, después del sueño de los espejos, le volví a soñar. Lo encontraba en una posada a la que anteriormente he ido, era tan virtuosa la imagen, usted de pie en el centro del salón, con un traje negro, cuando me acerque usted me lanzo lejos, para desaparecer entre sombras, corría tras de usted pero aunque estuviera cerca no podía tocarlo, y está vez no había esperanza de volverlo a ver, se disipaba en el viento.

Suena deprimente y patética esta carta, me disculpo por ello, es solo que... le extraño, y me da un miedo terrible que llegue el olvido, apenas en la mañana estaba recordando todas esas veces que reímos juntos, las veces que compartimos una comida o incluso una platica tranquila, las veces que me narraba los libros que había leído, sus escritos tan burdos y descarados, la manera en que su tacto se sentía en mi piel y erizaba todo mi cuerpo, Aunque no quiera reconocerlo mi señor, yo tengo historia con usted, no sé clarificarla realmente, pero yo también puedo reclamar un lugar a lado suyo.

Por favor, no tarde, créame que haré todo lo posible para que no se desgaste mi cuerpo ante todos los cambios que está pasando. Le ruego tenga piedad de esta alma austera que lucha por no desmoronarse,

Suya.
N

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