miércoles, 22 de junio de 2016
1910: SEXTA CARTA
Querido:
Han pasado 39 días desde su partida, aunque le confieso que el primer día me pareció tormentoso, me dijo sobre los tratados de Variku, que usted no podía quedarse conmigo, pero me surgió una duda ¿Yo puedo ir a su época sin corromper la ley? Espero pueda responderme esa duda.
Los días al parecer van mejorando, el dolor en el pecho va menguando, las pesadillas ya las tolero, aunque aún no puedo hablar, el Dr. Benito dijo que no había daño en mis cuerdas vocales, sin embargo dice que es necesario que visite a un Psicólogo porque tal vez de ahí derive mi problema, yo no quería ir a verlo.
Hoy ha sido la primer visita con el Psicólogo, bastante agradable a mi parecer, me ha preguntado cosas y yo con señas sintiéndome como una tonta le he respondido lo mejor que he podido como mi color favorito, qué animal me gusta, qué libro es mi preferido, si prefiero el cielo o el mar, aún no me ha preguntado nada de usted y tengo miedo que lo haga porque antes mi madre ha hablado con él.
Usted me contó que en el futuro sufririamos de bastantes transtornos mentales, que incluso creen que pudieran estar poseídos por alguna entidad maligna, déjeme decirle señor mío que últimamente me he sentido desquiciada, pienso que me persiguen y que leer esta mal, todo fue después del libro que me ha dejado del Señor Ray Bradbury, ¿Cómo es que llegan a ser tan indiferentes en el futuro? peor aún, ¿Cómo es posible que en su época este penado leer?, pareciera que todos fijan su mirada en mí y no me gusta.
Señor, tengo que reclamarle algo, ¿Porqué se marchó, ahora que más le necesito para que me instruya?, fui con doña Carmela la curandera para que me ayudara con lo del habla, y lo que me dijo me dejo helada, "Niña, tienes un amor en la garganta, y un cuervo atravesado en el corazón, una sombra te ronda y la has hecho tu acompañante, si no te deshaces de él, te consumirá", no supe realmente a que se refería pero me dejo la piel de gallina. Sé que usted sabía de oscurantismo y criaturas de la noche, pero me ha dejado en la ignorancia, buscaré por mis propios medios y espero llegar a ser tan buena como usted.
Aún sigo anhelando su llegada mirando hacia el horizonte cuando anochece, me hace tanta falta, nunca creí que así destrozara el amor, o esto que siento por usted, temo olvidar, gracias a Dios tengo buena memoria y su voz aún puedo escucharla narrando historias. Temo decirle que pienso que en su corazón alberga cierta crueldad de la que me contó, al dejar aquí a está alma perdida, ansiosa de conocer más sobre el futuro, ha dejado una aprendiz en el olvido.
Espero pronto regrese.
Suya,
N.
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